martes, junio 19, 2007

2006 ganó la violencia

2006 será recordado como el año en que los violentos ganaron la pelea por nocaut. Y no se trata únicamente del ya de por sí grave dato de que los desmanes provocados alrededor del fútbol hayan causado cinco muerte. 2006 fue el año de la violencia simplemente porque el tema formó parte de la agenda de los medios casi todos los días. Por h o por b, la violencia fue fue el eje sobre el que giró el fútbol argentino, muy especialmente en el segundo semestre.

Los dirigentes políticos y deportivos jugaron un rol fundamental para que la violencia se institucionalizara y terminara de penetrar en las estructuras del fútbol como una daga en un corazón. Se trata de un problema de raíz que, en tanto perdure, seguirá manteniendo a la lucha contra la violencia en el terreno de las proclamas vagas. Por más que los dirigentes pontifiquen en público que con los violentos hay que ir a fondo, varios esconden debajo de la alfombra su oscura connivencia con los barrabravas.

Un caso paradigmático de la responsabilidad dirigencial es el de Juan José Muñoz Muñoz. El polémico presidente de Gimnasia La Plata se metió en el vestuario de Daniel Giménez en el partido ante Boca, lo que llevó al árbitro a suspender el partido y denunciar amenazas. Después, cuando el partido iba a completarse, La 22, fuerza de choque de Muñoz, apretó a sus jugadores, con armas de fuego incluidas, para que fueran a menos. Por el primer episodio, que merecía una sanción ejemplificadora, la AFA lo ¿castigó? con apenas seis meses de suspensión como integrante del Comité Ejecutivo.

En un fútbol más serio, Muñoz hubiera sido expulsado de la AFA.Las amenazas de los barras de Gimnasia a sus jugadores representaron, acaso, el mayor ejemplo de la impunidad de que gozan los violentos. Presionados por los propios barras y los dirigentes del club, las presuntas víctimas negaron la apretada ante el fiscal interviniente; la causa está poco menos que caída.Tal vez paradójicamente, fue un año en el que desde los más altos sectores políticos bajaron un par de señales fuertes contra los violentos.

El ejemplo más rotundo fue la inédita medida adoptada por el gobierno bonaerense el 20 de octubre. El ministro de Seguridad, León Arslanian, forzó la suspensión de Racing-Boca al resolver no prestar servicio policial para el clásico, después de que el juez Raúl Calvente resolvió permitirles ir al Cilindro a Rafael Di Zeo y otros siete cabecillas de La Doce. Un mes más tarde, Julio Grondona tuvo que pedir una reunión con el Gobierno, desbordado por las críticas a su decisión de permitir entrar a las canchas sólo a socios y abonados a plateas. El presidente de la AFA fue recibido por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien le prometió apoyo siempre que la AFA dejara de hacerse la distraída a la hora de aplicar la quita de puntos que establece su reglamento.

En efecto, después la AFA castigó a Racing dando por finalizado el clásico que Independiente le ganaba 2 a 0 cuando hinchas de la Academia protagonizaron serios disturbios que obligaron a suspenderlo. ¿Por qué se dice que Racing fue castigado? Porque en el Apertura hubo otros dos partidos suspendidos (Godoy Cruz-Arsenal y Colón-Vélez) y ambos continuaron. Lo mismo ocurrió en la B Nacional con Olimpo-Ferro, que prosiguió pese a que fue suspendido por una agresión de un hincha local al jugador Vicente Monje. A diferencia de años anteriores, los torneos de verano transcurrieron en paz. Pero el 2 de febrero, en la revancha del Repechaje de la Libertadores entre River y Oriente Petrolero, Los Borrachos del Tablón protagonizaron su primer escándalo internacional de una saga que durante 2006 tendría otros capítulos salientes.

En Santa Cruz de la Sierra, la barra de River reaccionó con furia ante las piedras que le tiraron hinchas bolivianos y desató una batalla campal en la tribuna. Diecisiete días más tarde, los problemas se trasladaron a Santa Fe. Una imagen televisiva de aquella tarde todavía causa escozor: la de Gastón Mendoza, un barra de Colón de 23 años que estaba prófugo de la Justicia por un homicidio ocurrido el día anterior, intentaba apuñalar a otro hincha de su mismo equipo. Mendoza hirió a una persona y la barra intentó encubrirlo, pero fue detenido y procesado por tentativa de homicidio.

Fue antes del inicio de Colón-River, por la quinta fecha del Clausura.Pero el enfrentamiento entre barras más violento del año tuvo lugar en el peaje de General Lagos, el 9 de abril. Allí, a la vera de la ruta 9, chocaron hinchas de Boca y Rosario Central (el sector de Los Pillines). Unos 250 barras se enfrentaron con armas de fuego, armas blancas y piedrazos. Hubo siete heridos de bala, dos de ellos de gravedad, y 123 detenidos, de los cuales quedó un solo imputado: Fabián Córdoba, miembro de La Doce.El segundo episodio que involucró a Los Borrachos del Tablón tocó de cerca a la dirigencia que encabeza José María Aguilar. 42 integrantes de la barra viajaron a Alemania tras un frugal desayuno en la confitería del Monumental.

Cualquier parecido con una despedida oficial es pura coincidencia. En Alemania, 30 de ellos fueron demorados en Francfort por no respetar sus lugares en el partido ante Holanda.Los Borrachos volvieron a sus andanzas el 18 de julio en Asunción, donde se enfrentaron duramente con la policía; dos hinchas terminaron heridos y debieron ser operados por el médico del plantel, Luis Seveso, en el lobby del hotel de la delegación.La cuarta intervención escandalosa de Los Borrachos ocurrió el 20 de agosto: luego de la derrota 3-1 ante Racing en Avellaneda, unos 50 miembros de la barra le tajearon los neumáticos a 17 autos de los jugadores, dirigentes y cuerpo técnico.

A los pocos días el ministro del Interior, Aníbal Fernández, recibió a Aguilar y al titular de San Lorenzo, Rafael Savino (barras de ese club habían amenazado a jugadores tras la goleada ante Boca); luego mantuvo reuniones con otros dirigentes y en octubre anunció: "Antes de fin de año vamos a presentar un proyecto de ley en el Congreso (que permita que) el juez impida que los violentos vuelvan a entra a una cancha". A cinco días del final del año, no hay la mínima señal de que el proyecto esté listo.
Gustavo Yarroch, Carlos Prieto

martes, junio 12, 2007

¿Para qué sirve la nandrolona?

La nandrolona, sustancia prohibida entre los deportistas y presunta causa de la salida de los jugadores Salvador Carmona y Aarón Galindo de la selección nacional que juega en Alemania la Copa FIFA Confederaciones, es un esteroide androgénico que favorece la síntesis de proteína y el desarrollo muscular.

Dicha sustancia artificial es producida sintéticamente por la industria farmacéutica que ayuda a dar mayor potencia física y a mejorar el desempeño individual durante cualquier tipo de actividad humana. En los deportistas, la nandrolona incrementa la fuerza, la velocidad, la agresividad y la potencia.

"Esta sustancia favorece el rendimiento en los deportes de explosión o fuerza, como las carreras de velocidad en atletismo, natación y levantamiento de pesas", explicó el doctor Juan Manuel Alonso, de la Comisión Médica del Comité Olímpico Español, a través de la página de internet ondasalud.com.

Además, la nandrolona favorece la capacidad de recuperación, por ejemplo, tras una competencia o entrenamiento.

El abuso de la nandrolona, por otra parte, produce un descenso de la libido (apetencia sexual), además de aumentar el riesgo de esterilidad y enfermedades del hígado, como la hepatitis química o incluso el cáncer hepático.

Además repercute en el sistema cardiovascular al elevar el colesterol y alterar otros lípidos, con el consecuente riesgo de infarto al corazón o al cerebro.

Los efectos secundarios son diabetes, hipertensión, epilepsia y enfermedades el riñón.

El anabolizante de la nandrolona se detecta a través de los análisis de orina, "mediante una preparación de muestra común en todos los laboratorios antidopaje.

"También hay una detección muy específica con una de las técnicas más exactas que es la espectometría de masas, que detecta la huella que deja esa sustancia cuando se elimina", expone Cecilia Rodríguez, directora del Laboratorio Central Antidopaje, del Centro Superior de Deportes (CSD)

Se considera dopaje cuando la cantidad de metabolitos en la orina supera los dos nanogramos/ml en los hombres, y los cinco nanogramos/ml en las mujeres.

El contraataque tiene mala prensa, pero vale

El Racing del 66-67 mandaba a todos al frente y atrás dejaba a Perfumo. Entonces, se hizo popular la frase "lo que pasa es que Pizzuti es soltero" para explicar la estrategia del DT. La broma encerraba un concepto: el que atacaba, corría más riesgos que los conservadores. Si Pizzuti perdía y lo echaban, no tenía bocas que alimentar. No le fue tan mal al Equipo de José: campeón de 1966, invicto en 39 partidos, campeón de la Libertadores y la Intercontinental.

Aquello ocurría a mediados de los 60, en una época de estilos muy marcados: los grandes iban al ataque y los más modestos contraatacaban. Pero sabían jugar de contraataque. Hoy, la mayoría de los técnicos parecen padres de familias numerosas. Tienen pruritos en decir que juegan de contra porque la fórmula tiene mala prensa. Y, además, mienten. Porque jugar de contraataque no es tirarle pelotazos al paria que juega de 9.

Una cosa es atrincherarse cerca del área y tirarla para adelante (las famosas líneas de cuatro) y una muy distinta agrupar el equipo en territorio propio pero alerta para recuperar la pelota y lanzarse masivamente en la respuesta ofensiva: defenderse pensando en atacar. Bien hecho, el fútbol no pierde belleza. Y tampoco eficacia. Hay ejemplos en todos los tiempos: el Inter de Helenio Herrera bicampeón europeo y de la Intercontinental 64-65, el actual Chelsea de José Mourinho campeón inglés y actual líder de la Premier con puntaje ideal.

De entrecasa, el River del Bambino Veira, a quien, a la vez, le cabían las generales de la ley y hablaba de equipo explosivo para no mencionar la palabra maldita: contraataque.Un equipo es bueno cuando hace bien lo que mejor puede hacer. Y el mejor será aquel que sea eficiente en la variedad más amplia de tácticas. El asunto es uno solo, jugar al ataque o al contraataque, pero jugar bien.

Daniel Lagares.

martes, junio 05, 2007

La violencia del fútbol golpea también a los periodistas

La sentencia se dictó esta semana. El club Nueva Chicago y la AFA fueron condenados en primera instancia a pagarle 20.000 pesos al periodista Darío Tonón en una causa iniciada por las lesiones sufridas por éste el 11 de abril del 2004, cuando cubría para la AM 610 el partido entre Chicago y Vélez, en la famosa República de Mataderos. Tonón es relator y sigue la campaña del equipo de Liniers.

Aquel día, los organizadores lo mandaron a trabajar en medio de la platea local. Un despropósito que terminó con el periodista agredido apenas Vélez marcó su tercer gol esa tarde. "Cuando relaté el segundo tanto, se pararon varios plateístas y me dijeron: 'Si gritás uno más, te matamos'. Cuando vino el tercero, pasaron del dicho al hecho".El suceso demuestra que la violencia en el fútbol también afecta a los periodistas que trabajan en la cobertura de los partidos.

Anestesiados quizá por la creencia de que el folclore todo lo permite, pocas veces las agresiones terminan en la Justicia. En el ámbito de la Capital Federal, además de la causa mencionada, sólo surgen dos en los últimos años: una por amenazas de la barra de Boca a reporteros gráficos y otra por coacción de barrabravas de Chacarita a un cronista de Olé. Ninguna de ellas, al día de hoy, tiene imputados."Te terminás acostumbrando. La agresión verbal o de otro tipo es tan habitual que ya te parece normal y no hacés la denuncia. La peor humillación que puede recibir un hombre es que lo escupan en la cara. Durante diez años, por estar en el campo de juego, recibí escupitajos todos los domingos. Y la única vez que reaccioné, un policía quería detenerme por incitación a la violencia", cuenta Tití Fernández.

Los periodistas de medios radiales y televisivos son, por su exposición, los mayores damnificados. "Yo iba muy temprano a la cancha y con custodia policial. Y si el local no ganaba, tenía que esperar dos horas para poder salir de la cabina. Cualquier fallo en contra de un árbitro, parecía que era mi culpa", recuerda Marcelo Araujo. Algo similar narra Enrique Macaya Márquez. "Yo voy con custodia y muchas veces me retiro dos o tres minutos antes para no tener problemas. Es que en muchas canchas, para llegar a la cabina hay que pasar entre toda la gente y en varios estadios, es peligroso".Macaya vio dos veces, y de cerca, cómo se astillaban los vidrios de su cabina cuando un plateísta no conforme con sus comentarios intentaba agredirlo. Por suerte, no sufrió consecuencias.

Distinto es el caso de Mariano Closs, que en el torneo Clausura 97, en Jujuy, mientras relataba Gimnasia frente a Independiente para la TV, sufrió una agresión similar y los vidrios le cortaron la mano. "Fue la única vez que me lesionaron, pero aunque no lo parezca, es un trabajo bravo. En la jerga futbolera cuando tu equipo pierde, el periodista se asemeja a un enemigo. A mí en general me respetan, pero por las dudas la tele nos pone guardaespaldas y autos polarizados".

El problema viene de larga data. De hecho, Roberto Leto recuerda cuando trabajando junto a Héctor Caldiero, en 1991, "en la cancha de Racing, previo a un partido con Boca, 30 barras nos rompieron la cabina y nos tiraron papeles encendidos adentro. Pensé que no salía". También está el antecedente del camarógrafo chileno Manuel Gutiérrez, quien perdió un ojo cuando una bomba de estruendo explotó a su lado el día en que River se coronó campeón del Apertura 97.

Pero la violencia, claro, recrudeció en los últimos tiempos. La cancha de Gimnasia y Esgrima de La Plata fue clausurada en diciembre del año pasado tras un partido contra Newell's y uno de los considerandos para tomar esa decisión fue la agresión a los periodistas rosarinos. "Gimnasia los mandó a trabajar a la platea local cuando eso está expresamente prohibido", afirma Gustavo Lugones, del Comité Provincial de Seguridad Deportiva.Y aunque siempre se diga que el show debe seguir, ni siquiera la televisión pudo mantener en pie esta regla.

El 28 de mayo del año pasado, mientras Chacarita jugaba contra la Comisión de Actividades Infantiles (CAI) por la B Nacional, parte de la barra del club local ingresó al campo y agredió a los cronistas allí apostados. Otro sector atacó la cabina donde Eduardo Ramenzoni y José Jozami hacían el encuentro para TyC Sports, y ante el riesgo que corrían, debieron cortar la transmisión. "Pensé que no salíamos vivos", dice hoy Ramenzoni sin poder creer, aún, que su vida estuviera en juego por comentar un partido de fútbol.
Gustavo Grabia