La sentencia se dictó esta semana. El club Nueva Chicago y la AFA fueron condenados en primera instancia a pagarle 20.000 pesos al periodista Darío Tonón en una causa iniciada por las lesiones sufridas por éste el 11 de abril del 2004, cuando cubría para la AM 610 el partido entre Chicago y Vélez, en la famosa República de Mataderos. Tonón es relator y sigue la campaña del equipo de Liniers.
Aquel día, los organizadores lo mandaron a trabajar en medio de la platea local. Un despropósito que terminó con el periodista agredido apenas Vélez marcó su tercer gol esa tarde. "Cuando relaté el segundo tanto, se pararon varios plateístas y me dijeron: 'Si gritás uno más, te matamos'. Cuando vino el tercero, pasaron del dicho al hecho".El suceso demuestra que la violencia en el fútbol también afecta a los periodistas que trabajan en la cobertura de los partidos.
Anestesiados quizá por la creencia de que el folclore todo lo permite, pocas veces las agresiones terminan en la Justicia. En el ámbito de la Capital Federal, además de la causa mencionada, sólo surgen dos en los últimos años: una por amenazas de la barra de Boca a reporteros gráficos y otra por coacción de barrabravas de Chacarita a un cronista de Olé. Ninguna de ellas, al día de hoy, tiene imputados."Te terminás acostumbrando. La agresión verbal o de otro tipo es tan habitual que ya te parece normal y no hacés la denuncia. La peor humillación que puede recibir un hombre es que lo escupan en la cara. Durante diez años, por estar en el campo de juego, recibí escupitajos todos los domingos. Y la única vez que reaccioné, un policía quería detenerme por incitación a la violencia", cuenta Tití Fernández.
Los periodistas de medios radiales y televisivos son, por su exposición, los mayores damnificados. "Yo iba muy temprano a la cancha y con custodia policial. Y si el local no ganaba, tenía que esperar dos horas para poder salir de la cabina. Cualquier fallo en contra de un árbitro, parecía que era mi culpa", recuerda Marcelo Araujo. Algo similar narra Enrique Macaya Márquez. "Yo voy con custodia y muchas veces me retiro dos o tres minutos antes para no tener problemas. Es que en muchas canchas, para llegar a la cabina hay que pasar entre toda la gente y en varios estadios, es peligroso".Macaya vio dos veces, y de cerca, cómo se astillaban los vidrios de su cabina cuando un plateísta no conforme con sus comentarios intentaba agredirlo. Por suerte, no sufrió consecuencias.
Distinto es el caso de Mariano Closs, que en el torneo Clausura 97, en Jujuy, mientras relataba Gimnasia frente a Independiente para la TV, sufrió una agresión similar y los vidrios le cortaron la mano. "Fue la única vez que me lesionaron, pero aunque no lo parezca, es un trabajo bravo. En la jerga futbolera cuando tu equipo pierde, el periodista se asemeja a un enemigo. A mí en general me respetan, pero por las dudas la tele nos pone guardaespaldas y autos polarizados".
El problema viene de larga data. De hecho, Roberto Leto recuerda cuando trabajando junto a Héctor Caldiero, en 1991, "en la cancha de Racing, previo a un partido con Boca, 30 barras nos rompieron la cabina y nos tiraron papeles encendidos adentro. Pensé que no salía". También está el antecedente del camarógrafo chileno Manuel Gutiérrez, quien perdió un ojo cuando una bomba de estruendo explotó a su lado el día en que River se coronó campeón del Apertura 97.
Pero la violencia, claro, recrudeció en los últimos tiempos. La cancha de Gimnasia y Esgrima de La Plata fue clausurada en diciembre del año pasado tras un partido contra Newell's y uno de los considerandos para tomar esa decisión fue la agresión a los periodistas rosarinos. "Gimnasia los mandó a trabajar a la platea local cuando eso está expresamente prohibido", afirma Gustavo Lugones, del Comité Provincial de Seguridad Deportiva.Y aunque siempre se diga que el show debe seguir, ni siquiera la televisión pudo mantener en pie esta regla.
El 28 de mayo del año pasado, mientras Chacarita jugaba contra la Comisión de Actividades Infantiles (CAI) por la B Nacional, parte de la barra del club local ingresó al campo y agredió a los cronistas allí apostados. Otro sector atacó la cabina donde Eduardo Ramenzoni y José Jozami hacían el encuentro para TyC Sports, y ante el riesgo que corrían, debieron cortar la transmisión. "Pensé que no salíamos vivos", dice hoy Ramenzoni sin poder creer, aún, que su vida estuviera en juego por comentar un partido de fútbol.
Gustavo Grabia
martes, junio 05, 2007
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